dijous, 1 de març de 2018

Artículo " ¿RESPETAR LAS IDEAS ? "


Artículo de Marc Cabanilles

Publicado el 28.02.2018 en


¿ RESPETAR LAS IDEAS ?



Sólo un 36% de los estados del mundo  ( 71 de los 194 existentes) castigan las ofensas a la religión, según la Comisión de Libertad Religiosa Internacional (USCIRF, en sus siglas en inglés), y España, reserva espiritual de occidente, es uno de ellos. Formamos parte, pues,  de un selecto grupo de  países  liderados por Irán, Pakistán, Yemen, Somalia y Qatar, que ponen límites a la libertad de expresión cuando se utiliza para criticar la religión, contra las recomendaciones de la mayoría de los organismos internacionales que defienden los derechos humanos.

En el código penal español, siguen existiendo varios artículos que tipifican como delito, la ofensa a los sentimientos  religiosos, bajo cuya genérica denominación, se contempla el insulto religioso, el escarnio, la profanación, y de tapadillo también, la blasfemia, que ya había desaparecido como delito en 1988.

Se sigue confundiendo el concepto de "pecado" con el de "delito", cosa que parece más propia de otras épocas cuando se sancionaban comportamientos que se consideraban que iban contra la religión, como desobedecer el mandato divino de santificar las fiestas trabajando los domingos, o el hecho de poner música comercial en semana santa.

Y ese delito está en el código penal desde 1995 gracias, una vez más, a los socialistas que impulsaron su redacción.  ¿ En que estarían pensando cuando aprobaron este código penal, con constancia, además,  de grandes celebraciones ?  A efectos de represión, ¿de qué sirve denunciar el Concordato, si no se modifica el Código Penal?

Ni tan siquiera la izquierda, parece tener claro que el respeto y la protección,  se debe a las personas no a sus ideas. Los titulares de derechos (en este caso protección y respeto) son los creyentes. Pedir respeto a  las ideas, es como pedir respeto a los colores: No deberíamos mezclarlos porque eso es una falta de respeto a cada color individual.  La ciencia y la filosofía hubieran muerto hace tiempo si hubieran respetado las ideas, si no las hubieran criticado, desmenuzado, ridiculizado.

El empeño de políticos, jueces y creyentes, en proteger y respetar las ideas en vez de a las personas,  implica que dichas ideas no pueden ser criticadas, ni refutadas,  no se las puede contradecir,  no se pueden catalogar  de falsas o de supercherías.
Al igual que los defensores de unas ideas tienen derecho a expresarlas y defenderlas, quienes piensen que esas ideas son falsas, perjudiciales o simples tonterías, tienen el mismo derecho  a criticarlas, rechazarlas, contradecirlas o ridiculizarlas.

 Y claro, cuando pasan los siglos, y algunas ideas no se pueden  discutir, ni analizar, ni  criticar, ni poner en evidencia, el resultado es lo que estamos viendo, la represión y el dogmatismo avanzan, mientras la libertad y el librepensamiento retroceden. 

Claramente, la persistencia de estos delitos en el código penal supone un pretexto para limitar el derecho de la ciudadanía a expresar con total libertad sus opiniones. Si un grupo de gente (en este caso los creyentes) necesitan unas leyes que les protejan de la crítica, se debería hacer lo mismo con los hinchas de un equipo de futbol que se sienten ofendidos por los hinchas del equipo rival, o los militantes de un partido político. 

La religión, que no deja de ser una ideología más, debe ser objeto de crítica como otras creencias políticas, económicas, sociales, y por tanto, no debe recibir ningún trato de favor en la ley.  A nadie en su sano juicio, para proteger la ciencia,  se le ocurriría introducir en el código penal un delito contra los sentimientos científicos.

En un estado aconfesional, las actuaciones públicas (políticos, jueces, funcionarios) no deben regirse por creencias irracionales de una parte de la sociedad, sino por criterios basados en la razón y que sean comunes a toda la ciudadanía.

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